Ya van más de 10 días desde que un grupo de 33 mineros se encuentran atrapados bajo 700 metros de tierra en un centenario pique de oro y cobre ubicado a unos 48 kilómetros al noreste de Copiapó. Esta lamentable situación se produjo por el derrumbe en la cota 300 de unas de las rampas que permiten bajar por el yacimiento.
¿Se podría haber evitado de alguna forma este terrible “accidente”?. Al parecer si.
En primer lugar ya el año 2004, el sindicato de trabajadores presentó un recurso de protección en contra de la minera y de Sernageomin por la muerte de un trabajador en las faenas de extracción; luego el año 2006 otro trabajador muere aplastado por derrumbes y en Enero de 2007, vuelve a morir un trabajador en las mismas circunstancias y recién en ese momento el Sernageomin cierra la mina.
Y en segundo lugar. ¿A que se debe que a pesar de todos estos antecedentes la autoridad administrativa halla autorizado la reapertura del yacimiento el año 2008?. Tal vez esto tenga una respuesta –en lo inmediato- más sencilla de lo que pensamos pero a nuestro juicio, esto se debe a un problema general más complejo; esta situación particular es sólo un síntoma de una patología muchísimo más grave y preocupante: Nuestro sistema económico que privilegia el crecimiento y los equilibrios macroeconómicos posterga a una gran masa de nuestra población a vivir en una indigna pobreza. El Estado no está cumpliendo con su rol de garantizar mínimas condiciones de equidad y de bien común.
¿Cómo es posible que la autoridad administrativa haya resuelto reabrir la el yacimiento sin que esta cumpliera las mínimas condiciones de seguridad exigidas para este tipo de faenas? Esto sólo se explica por la incapacidad que hemos tenido como país de poner al capital humano en el centro de la discusión económica y política.
Esto explica además, por qué se utiliza como chivo expiatorio a una autoridad administrativa, sin recursos y sin facultades suficientes, y no a los propietarios de la empresa como los principales responsables de esta tragedia humana que enluta nuestro bicentenario.
Tal vez, sería recomendable realizar
una profunda reflexión sobre el país que estamos construyendo, tal vez
encontraríamos que no hay mucho de que ufanarse… tal vez es el momento para
empezar a pensar en un país distinto en el que los pobres de nuestra patria no
terminen de esta forma.




