
¿Que es la educación para un país? Dos posibles respuestas. La primera, la educación es un bien de consumo transable en el mercado. La segunda, la educación es un bien publico que se constituye como un derecho de la ciudadanía. De estas dos respuestas derivan todas las acciones que instauran el sistema educativo. La integración al sistema educacional será por lo tanto vía consumo o vía derecho.
La medida propuesta por el ministro Joaquín Lavín es de generar mapas que ubiquen las escuelas según su calidad con una metodología de identificación por colores (tipo semáforos) que reflejen su resultado en la prueba SIMCE, ello con el objetivo de que los apoderados seleccionen las escuelas donde estudiaran sus hijos en referencia a este indicador de calidad -indicador que por cierto no esta exento de polémicas y en franca crítica por los expertos de la materia-. En otras palabras, la idea es institucionalizar “la prueba de la blancura” con un semáforo que salga a la luz publica con las escuelas buenas, reguleques y malas.
Ahora bien, reflexionemos sobre la realidad. ¿Como cree que le irá en la prueba de la blancura a las escuelas municipales? ¿Descubriremos algo nuevo con estos semáforos o simplemente reconfirmaremos lo que ya esta confirmado? que la educación publica es de mala calidad, que esas escuelas con letras y números quedan solo para chiste ¿Que pasara con los niños y jóvenes que estudian en una escuela de mala calidad (con semáforo de color rojo) que además serán estigmatizados ya no solo por la sociedad sino que por el propio gobierno?
En definitiva, la idea de los semáforos se alza como una medida que más bien busca acentuar las diferencias, las distinciones, la exclusión social. Es decir, un nuevo estigma, una nueva marca, otro elemento con el cual apuntar con el dedo y decir “este producto no me gusta, es de una mala marca, los que consumen esto, eso y aquello están perdidos”. La idea de los semáforos, se instala como la política de la forma pero no del fondo, de los efectos pero no de las causas, una política que se ve en los medios pero que no cambia los problemas, la política de los botones de pánico para parar la delincuencia, fonos de salud para suplir la carencia de un servicio de salud digno, de luces, de carteles, de la imagen mediática. La renuncia del gobierno a tratar la educación como un derecho y buscar realmente la calidad en ella se remite a la lógica “que el mercado lo solucione” llegando a ser un perfecto bien de consumo, igualmente como cuando compramos un televisor o un celular.
